La Sinfónica para Todos
Turismo y Cultura

Emotivo concierto de la Sinfónica, a sala llena y con visitantes ilustres

Si el homenaje a Nidia “Nene” Camiolo de Salerno, en el marco del Mes de la Mujer, ya sugería una presentación de carácter especial para la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, el escenario amplió aún más los sentidos de un encuentro de profunda sensibilidad artística y evocativa a raíz de la presencia de la compositora Amanda Gerreño y de su marido, el premio Nobel de la paz, Adolfo Pérez Esquivel.
Aumentar tamaño de texto Disminuír tamaño de texto
  • 1
  • 2
1 / 2
La sala del Centro Cultural y de Convenciones La Vieja Usina lucía colmada aún antes del horario de inicio del segundo concierto de 2018 de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, en una temporada especial, de celebraciones y evocaciones, a raíz del 70ª aniversario del organismo.

Justamente en la apertura del encuentro, la arpista Marcela Méndez le dio la bienvenida al público y destacó los significados que representan para la cultura entrerriana y para cada uno de los integrantes de la orquesta, estos 70 años que marcarán toda la agenda anual.

En el marco del Mes de la Mujer -de nutridas propuestas planteada desde la Secretaría de Turismo y Cultura del Gobierno de Entre Ríos- la Sinfónica dedicó su concierto de este sábado a homenajear a una mujer de notable trayectoria en la cultura y el arte: Nidia Nene Salerno de Camiolo. Méndez en la presentación recordó el aporte y la valía de Nené, quien falleció el pasado 22 de febrero en la ciudad de Paraná, luego de dedicar su vida a la música y la docencia.

Las hijas de Nené Salerno de Camiolo participaron del encuentro y recibieron una ofrenda floral de parte de integrantes de la sinfónica, en símbolo de profundo agradecimiento a la primera mujer que integró la orquesta y la representó durante más de 40 años.


Visitantes

Hasta ese momento aún, ya con el programa en mano, el público desconocía la presencia de dos visitantes ilustres, que habían llegado a la sala antes que nadie y ocupaban dos sillas de la primera fila, en absoluto bajo perfil. El anuncio, finalmente, tuvo lugar y provocó una reacción inmediata. En la sala de la Usina se encontraba la compositora Amanda Guerreño, de quien la orquesta interpretaría la obra “Tres bocetos Sinfónicos”, acompañada por su marido, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.

La gente comenzó a aplaudir y Pérez Esquivel se levantó de su asiento y giró hacia el público para recibir el reconocimiento de un auditorio conmovido ante la sorpresa.

Luego comenzó la música. Bajo la batuta de su director artístico, Luis Gorelik, la orquesta acometió en primer término “Tres bocetos Sinfónicos”, de Guerreño. Finalizada una ejecución “magistral” -calificada de ese modo por la compositora-, el público ovacionó a los músicos y especialmente a la creadora, que recibió de pie el afecto de los presentes.

Ya en la segunda parte llegó el momento para las obras de Gustav Mahler, con la presencia de dos invitados de altísima jerarquía: la mezzo soprano Guadalupe Barrientos y el tenor Gustavo López Manzitti. “La canción de la tierra” –sinfonía lírica sobre textos de Li Tai Po-, “El solitario otoño”, “De la juventud”, “De la belleza”, “El borracho en primavera” y “La despedida”, fueron la propuesta elegida en la interpretación de Mahler, junto a dos cantantes que llevaron al público de viaje a una instancia de belleza emotiva reflejada cabalmente en la calurosa devolución de aplausos para todos los artistas reunidos en el escenario.

“Me pareció una orquesta fantástica, muy bien preparada, no pensaba que tenían una orquesta de tanto prestigio, con un director que es una maravilla, para mí es uno de los mejores y es un honor que haya elegido esta obra para hacer”, dijo Amanda Guerreño, una vez finalizado el concierto.

“La ejecución se realizó magistralmente y muy distinto a como lo había hecho (Reynaldo) Zemba en su momento -por 1986-, porque cada director le da su estilo, más cuando son obras que no son conocidas. Me gustó mucho”, enfatizó la compositora.

Adolfo Pérez Esquivel también dio su opinión sobre el concierto y refirió también a lo que alcanzó a vislumbrar de la ciudad en su visita fugaz.

“Yo vine a acompañar a mi señora para el concierto. Hacía mucho que no escuchaba Mahler y la verdad que hoy sentí la riqueza de matices, de expresiones, me encantó, no solo la dirección orquestal, la soprano y el tenor son espectaculares. Asombrosa calidad, es una obra de una gran riqueza y una interpretación realmente valiosa”, dijo el premio Nobel de la paz.

Pérez Esquivel comentó además que “hace muchos años no venía a Paraná, es como si no lo conociese, esto creció muchísimo y es interesante venir y que tengan este auditorio también, porque muchas veces desde la grandes ciudades se olvidan del interior y hay que tener una mirada hacia adentro, una mirada más profunda y uno ahí va a comenzar a recrear lo que es el país, la vida en cada lugar, lo que se está haciendo culturalmente”.


El esfuerzo de Nené

Las hijas de Nené Camiolo de Salerno estuvieron presentes en el concierto y evocaron la figura de una mujer que eligió la música a muy temprana edad y que avanzó en un camino que suponía muchos esfuerzos y dificultades. “Mi mamá provenía de una familia muy humilde. Desde muy pequeña le inculcaron el amor a la música clásica, se escuchaba ópera en su casa y de ahí a mamá le nació la voluntad de estudiar violín. Ellos vivían en Bajada Grande porque mi abuelo era quintero, entonces mami se iba desde Bajada hasta calle Italia a la escuela de música, caminando, a tomar clases de violín”.

Nené fue una de las mejores alumnas del profesor Carminio Castagno. Su pasión por la música y la ejecución del violín, la desarrolló aún con mayor intensidad cuando logró ingresar, por concurso, a la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos como miembro fundadora.

“En la orquesta permaneció 40 años y conoció a mi papá, se enamoraron, los dos tocaban el violín. Siempre digo que nací con un violín en cada oreja”, comentó Lidia, una de las hijas de Nené y añadió que “mamá tenía gran pasión por la música, todo lo convertía en música, con cualquier sonido cotidiano, como podía ser el agua que corre o una canilla que no funcionaba y perdía gota a gota, ella empezaba a crear una melodía”.

Nené formó un coro de la tercera edad y una academia que funcionaba en su casa. Le enseñaba a los niños a tocar el violín a través de un método lúdico.

“Tenía un vínculo hermoso con los chicos porque le enseñaba hasta con tenedores, se las ingeniaba para interesarlos y que les gustara la teoría y el solfeo. Era exigente pero tenía mucha ternura”, recordó su hija.

En un sintético recorrido por la vida y la obra de Nené Salerno de Camiolo, su mamá, Lidia reflexionó que “para los años 40, cuando mi mamá ingresa a la Sinfónica, era todo un desafío como mujer, porque en ese momento el destino para las mujeres que hacían música era tocar el piano, pero antes de eso eran amas de casa, costureras, cocineras, no se dedicaban como profesión a la música. Y ella se iba de viaje con la Orquesta, que eran la mayoría varones y fue pionera en un montón de experiencias que eran muy atípicas para su época, por ejemplo ella usaba pantalones e iba a los ensayos manejando su moto”.
Aumentar tamaño de texto Disminuír tamaño de texto